Charlas con Jan
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La FSSPX: Excomuniones,
Excusas y Trucos
Mi amigo Jan me hizo recientemente la misma pregunta que varios otros amigos me han planteado desde la consagración de cuatro obispos por parte de la FSSPX el 1 de julio y el posterior
decreto de excomunión publicado en su contra por la Santa Sede el 2 de julio.
Jan me preguntó: ¿Cuál es su postura? Se pueden ver todas las cosas heréticas que el Papa Francisco y ahora León XIV están haciendo, especialmente con la nueva Iglesia Sinodal que están tratando de establecer. Entonces, ¿no tienen los católicos fieles derecho a resistir? ¿No fue la acción hecha por necesidad, lo cual hace inválida la excomunión?
Ya le había enviado a Jan el artículo que el Sr. Atila Guimarães escribió en febrero de 2026 exponiendo la postura de TIA sobre las consagraciones y advirtiendo a los lectores que no siguieran a los líderes de la FSSPX hacia el inminente cisma. Nada ha cambiado en nuestra postura. Aquí intentaré ampliar un poco sus argumentos bien razonados para ayudar a mi amigo Jan a comprender la situación. No es mi intención juzgar a las personas –a tal o cual seguidor de la FSSPX– sino aportar algo de claridad a un ambiente confuso y confirmar nuestra postura.
Confundiendo los Poderes de Gobierno y Enseñanza
Como la mayoría de los católicos sabe, el Papa tiene tres poderes: el poder de gobierno (o jurisdicción), el poder de enseñanza y el poder de santificación (u órdenes). Estos poderes le permiten dirigir y gobernar la Iglesia, definir doctrinas en materia de Fe y Moral, y administrar eficazmente los Sacramentos.
Veamos primero el poder papal de enseñanza. Cuando un Papa enseña una doctrina errónea, puede ser resistido respetuosamente por los católicos, que es lo que TIA ha estado haciendo desde su fundación en 1997 y que continúa haciendo incansablemente. Nosotros, como laicos y laicas, tenemos derecho a cuestionar doctrinas y acciones que choquen con el Magisterio bimilenario de la Santa Iglesia y a pedir a las autoridades eclesiásticas –incluso al Papa– que expliquen cómo esas enseñanzas y acciones no contradicen el Magisterio anterior. Si no lo explican, resistimos las nuevas enseñanzas y conservamos las perennes.
La FSSPX también tenía derecho a hacer esto. Cuando el Papa Provost escribió a la Sociedad el 30 de junio pidiéndoles que no procedieran con ese “pecado de extrema gravedad,” tenían derecho a responder y entablar un diálogo público con él sobre su oposición a las malas enseñanzas del Vaticano II. ¿Por qué no aprovecharon esta oportunidad para iniciar una disputa pública?
Del mismo modo, cuando algunos meses antes, en febrero de 2026, el Card. Víctor Manuel Fernández, Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, se dirigió a ellos pidiéndoles entrar en “un camino de diálogo” bajo la condición de que se suspendieran las consagraciones episcopales, tenían derecho a hacerlo. Fue otra tremenda oportunidad para iniciar un debate público. En cambio, sus superiores dejaron pasar la oportunidad y afirmaron sumariamente que un diálogo o debate no era viable, ya que sería imposible llegar a un acuerdo común sobre ciertas partes del Vaticano II.
Independientemente de cualquier posible acuerdo, la FSSPX podría haber puesto estos asuntos sobre la mesa de manera pública y, con un estudio y debate serios, haber hecho que muchos más católicos tomaran conciencia de las ambigüedades y contradicciones en los documentos del Concilio, y haber puesto al Vaticano en una posición muy incómoda. La puerta estaba abierta para un debate público, pero la FSSPX la cerró de golpe con una arrogancia que me sorprendió y me dejó consternada. Una oportunidad perdida para una polémica y una respuesta espantosamente arrogante al Pontífice cuya autoridad suprema la FSSPX afirmaba aceptar.
El Poder de Gobierno
El poder de gobierno, o jurisdicción, otorga al Papa un poder pleno, supremo y universal sobre toda la Iglesia –un poder que puede ejercer siempre libremente. Este poder le da el derecho exclusivo de nombrar Obispos, convocar concilios, y ser la última instancia de apelación en asuntos eclesiásticos. No está de más subrayar que esto es un dogma de Fe –el Primado Petrino– que los católicos están obligados a profesar bajo pena de perder su fe. (Vaticano I, Pastor Aeternus; primeros tres capítulos)
Ningún católico puede negar el poder de jurisdicción –en este caso, el derecho del Papa de hacer Obispos– sin romper la unidad de la Iglesia y crear un caos interno. Es por eso que cuando un individuo o un grupo de personas declara que él o ellos harán sus propios obispos sin permiso papal, realizan ipso facto un acto cismático.
Esas personas, aunque afirmen actuar por el bien de la Iglesia, caen en cisma. Esas personas, aunque aleguen mil casos de abusos y falsas enseñanzas de León XIV, están confundiendo el poder de enseñanza –que puede ser resistido– con el poder de jurisdicción –que no puede ser desafiado. En resumen, esas personas, aunque afirmen que aún reconocen al Papa como Papa, mediante su acción niegan su autoridad para gobernar, y así se colocan fuera de la Iglesia.
Dejemos de lado las emociones y los argumentos sofistas en un asunto tan claro. “Pero hicieron esto por caridad hacia las almas.” “Pero el Papa está enseñando herejía y mala doctrina.” La jurisdicción papal está fuera de los desacuerdos doctrinales y morales. Por cualquier razón –incluso la elevada causa de la caridad– no se puede desafiar el Primado Petrino.
Por hacer obispos sin aprobación papal, el castigo automático es la excomunión –algo de lo que la FSSPX era plenamente consciente y que eligió desafiar. El Obispo Bernard Fellay le dijo a una congregación en St. Mary's Kansas en abril que él y probablemente todos ellos “serían excomulgados, declarados cismáticos.” Su reacción desenfadada: “Pero bueno... no es el fin.”
Su respuesta frívola fue aplaudida por muchos como valentía, pero para mí fue una audaz arrogancia y un desprecio por el Primado Petrino. La excomunión es un asunto serio, que debe evitarse a toda costa, no algo de lo que se deba bromear, especialmente cuando, como en este caso, la excomunión cubre no solo a los obispos y sacerdotes, sino a todos los miembros que se adhieren explícitamente a su acción.
Sobre el tema del poder de jurisdicción, permítanme ser absolutamente clara: Si la FSSPX acepta al Papa como válido y profesa su poder de jurisdicción, entró voluntaria y arrogantemente en cisma. Si pretende que la excomunión automática no es válida para la FSSPX, de facto se convirtió en sedevacantista y estableció una Iglesia Episcopal separada de Roma.
La cuestión de la necesidad
Esto lleva naturalmente a su segunda pregunta sobre el caso de necesidad. La FSSPX alega que se encontraron en un caso de necesidad y obedecieron el “llamado de Dios” con las consagraciones. La Sociedad argumenta que las consagraciones eran vitales para su supervivencia, para ordenar sacerdotes tradicionales y salvaguardar los sacramentos.
Esta afirmación es errónea. Antes de las consagraciones, la FSSPX tenía dos obispos, ambos en sus 60 años y con buena salud. Dos obispos son suficientes para administrar las ordenaciones de sacerdotes. Sería conveniente tener más obispos, ciertamente, pero no necesario. Podría existir un problema en el futuro si un obispo muere y el otro es anciano, pero ¿no sería mejor esperar a esa crisis en lugar de anunciar perentoriamente, como hizo la FSSPX en febrero, que procederían a hacer obispos sin aprobación papal?
Surge la siguiente pregunta: Pero ¿cómo pueden dos obispos viajar incesantemente por todo el mundo haciendo todas las confirmaciones necesarias de la FSSPX? Esa respuesta es sencilla. Un obispo puede conceder a un sacerdote la facultad de administrar confirmaciones si la necesidad o razones pastorales lo requieren (Código de Derecho Canónico de 1983, Canon 884 §1). Sería un asunto sencillo para los dos obispos de la FSSPX delegar esa autoridad a sacerdotes de confianza de su organización. Sería más conveniente, por supuesto, tener más obispos, pero no una necesidad.
Creo que, antes de su anuncio de que haría sus propios obispos, la FSSPX se encontraba en una situación muy buena: Las excomuniones de 1988 habían sido levantadas por Benedicto XVI (2009); los permisos para escuchar confesiones (2015) y oficiar matrimonios (2017) fueron restaurados por Francisco. Estaba en posición de crecer y ejercer una influencia cada vez mayor dentro de la Iglesia.
Por el bien de mantener la unidad de la Iglesia, habría sido mejor sufrir los inconvenientes de tener solo dos obispos en lugar de entrar oficialmente en cisma y convertirse esencialmente en una Iglesia Episcopal. También habría sido una postura de caridad hacia sus fieles, en lugar de pedirles que saltaran con ellos hacia el cisma oficial y rompieran con la Iglesia Católica.
Otras contradicciones
En una declaración explicativa de 28 páginas del 8 de julio de 2026, la FSSPX rechazó las recientes excomuniones vaticanas por considerarlas injustas e inválidas. Sin embargo, poco después de la supuestamente “inválida” excomunión que instruyeron a sus seguidores a ignorar, presentaron una apelación el 11 de julio de 2026 ante el Vaticano para que reconsiderara su decreto de excomunión.
Primero, si la FSSPX, como afirman sus superiores, no reconoce la excomunión, ¿por qué intentan apelar algo que ni siquiera reconocen como válido? Es contradictorio.
Segundo, esto solo se explica, creo, si se ve como un truco, un medio para apaciguar las conciencias de muchos de los miembros preocupados de la FSSPX, a quienes se les dice que la pena de excomunión queda suspendida durante el proceso de apelación.
Tercero, no es así. Si bien la ley permite en algunos casos apelar los decretos de la Santa Sede, la pena en el caso de la FSSPX no se levanta durante el proceso.
En efecto, hay dos tipos de decretos punitivos por parte de la Santa Sede: Un tipo es cuando el decreto constituye la pena por un crimen: Por ejemplo, una persona es definida como hereje porque niega la Santísima Trinidad. Esta persona puede apelar contra un decreto constitutivo, porque la sentencia del juez puede ser injusta por diversas razones.
Otro tipo es cuando el decreto solo declara la pena, como en el caso de las excomuniones latae sententiae: Por ejemplo, un hombre que ingresa a la Masonería queda automáticamente excomulgado según el Código de Derecho Canónico de 1917. Cuando su adhesión a dicha sociedad secreta se conoce públicamente, la Santa Sede puede emitir un decreto declarativo de su excomunión.
Nadie puede apelar contra un decreto declarativo porque la pena ya había sido impuesta automáticamente cuando la persona cometió el delito. Es decir, la pena solo puede levantarse si la persona ofensora se arrepiente y repara su acto criminal.
En el caso de la FSSPX, el decreto de la Santa Sede del 2 de julio de 2026 fue de este último tipo: fue un decreto declarativo. Informaba al público de la excomunión automática y explicaba las vías para que los culpables regresaran a la comunión de la Iglesia. Si los superiores de la FSSPX no se retractan de lo que hicieron, no hay apelación posible. Apelar contra un decreto declarativo carece de sentido.
Dado que la FSSPX no se está arrepintiendo del acto que causó el cisma –la consagración de los obispos– jurídicamente no hay nada que debatir aquí.
Creo que las autoridades de la FSSPX son conscientes de estas precisiones canónicas. Por lo tanto, solo puedo concluir que hay una mala voluntad de su parte para engañar a los fieles y mantenerlos en su redil.
Papas Malos y Resistencia
Hemos tenido Papas malos antes en la Historia. Este no es el lugar para profundizar en ello. Los Papas Conciliares –no solo Francisco y León XIV– han sido todos culpables de blasfemia, herejías, mala moral; y el ritmo de estas ofensas ha ido en constante aumento.
Sin embargo, mientras resistimos su mala doctrina, no podemos negar su autoridad para hacer obispos y gobernar la Iglesia. Estamos llamados a luchar para retomar la fortaleza de la Iglesia, de modo que el estandarte de Cristo y Su Santa Madre pueda ondear orgulloso y libre sobre ella una vez más, e incluso de manera más maravillosa, ya que contamos con una intervención sobrenatural del Cielo para lograrlo.
Pero no salgamos de esa Barca de Pedro para librar esta lucha, bajo el pretexto de que está siendo dirigida por un mal Papa. Esto es, tristemente, lo que la FSSPX ha hecho con su acto de desafío.
Además del enorme aumento de confusión que ha creado entre los tradicionalistas, otro de sus frutos negativos, creo, es impulsar a muchos católicos hacia la postura sedevacantista (por ejemplo, los Monjes Papa Stronsey) y el Benevacantismo (LifeSite News). No me sorprendería ver más "ismos" y divisiones por venir.
Cierro con las palabras de la Hermana Lucía al P. Agustín Fuentes en su última entrevista pública en 1957. Ella afirmó que Nuestra Señora le dijo que estábamos entrando en los Últimos Tiempos del mundo y que Dios nos estaba dando dos últimos remedios: el Santo Rosario y la devoción al Inmaculado Corazón de María.
No importa qué persecuciones vengan, tenemos estos dos últimos remedios y permaneceremos dentro de la Iglesia luchando para expulsar a los usurpadores, sin darles jamás la falsa idea de que se convirtieron en los dueños de nuestra Santa Madre Iglesia.
1 de julio de 2026: Cuatro nuevos obispos consagrados
sin aprobación papal
Ya le había enviado a Jan el artículo que el Sr. Atila Guimarães escribió en febrero de 2026 exponiendo la postura de TIA sobre las consagraciones y advirtiendo a los lectores que no siguieran a los líderes de la FSSPX hacia el inminente cisma. Nada ha cambiado en nuestra postura. Aquí intentaré ampliar un poco sus argumentos bien razonados para ayudar a mi amigo Jan a comprender la situación. No es mi intención juzgar a las personas –a tal o cual seguidor de la FSSPX– sino aportar algo de claridad a un ambiente confuso y confirmar nuestra postura.
Confundiendo los Poderes de Gobierno y Enseñanza
Como la mayoría de los católicos sabe, el Papa tiene tres poderes: el poder de gobierno (o jurisdicción), el poder de enseñanza y el poder de santificación (u órdenes). Estos poderes le permiten dirigir y gobernar la Iglesia, definir doctrinas en materia de Fe y Moral, y administrar eficazmente los Sacramentos.
Los católicos tienen derecho a resistir respetuosamente la mala doctrina; vea nuestra Declaración de Resistencia aquí
La FSSPX también tenía derecho a hacer esto. Cuando el Papa Provost escribió a la Sociedad el 30 de junio pidiéndoles que no procedieran con ese “pecado de extrema gravedad,” tenían derecho a responder y entablar un diálogo público con él sobre su oposición a las malas enseñanzas del Vaticano II. ¿Por qué no aprovecharon esta oportunidad para iniciar una disputa pública?
Del mismo modo, cuando algunos meses antes, en febrero de 2026, el Card. Víctor Manuel Fernández, Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, se dirigió a ellos pidiéndoles entrar en “un camino de diálogo” bajo la condición de que se suspendieran las consagraciones episcopales, tenían derecho a hacerlo. Fue otra tremenda oportunidad para iniciar un debate público. En cambio, sus superiores dejaron pasar la oportunidad y afirmaron sumariamente que un diálogo o debate no era viable, ya que sería imposible llegar a un acuerdo común sobre ciertas partes del Vaticano II.
Independientemente de cualquier posible acuerdo, la FSSPX podría haber puesto estos asuntos sobre la mesa de manera pública y, con un estudio y debate serios, haber hecho que muchos más católicos tomaran conciencia de las ambigüedades y contradicciones en los documentos del Concilio, y haber puesto al Vaticano en una posición muy incómoda. La puerta estaba abierta para un debate público, pero la FSSPX la cerró de golpe con una arrogancia que me sorprendió y me dejó consternada. Una oportunidad perdida para una polémica y una respuesta espantosamente arrogante al Pontífice cuya autoridad suprema la FSSPX afirmaba aceptar.
El Poder de Gobierno
El poder de gobierno, o jurisdicción, otorga al Papa un poder pleno, supremo y universal sobre toda la Iglesia –un poder que puede ejercer siempre libremente. Este poder le da el derecho exclusivo de nombrar Obispos, convocar concilios, y ser la última instancia de apelación en asuntos eclesiásticos. No está de más subrayar que esto es un dogma de Fe –el Primado Petrino– que los católicos están obligados a profesar bajo pena de perder su fe. (Vaticano I, Pastor Aeternus; primeros tres capítulos)
Ningún católico puede negar el poder de jurisdicción –en este caso, el derecho del Papa de hacer Obispos– sin romper la unidad de la Iglesia y crear un caos interno. Es por eso que cuando un individuo o un grupo de personas declara que él o ellos harán sus propios obispos sin permiso papal, realizan ipso facto un acto cismático.
Esas personas, aunque afirmen actuar por el bien de la Iglesia, caen en cisma. Esas personas, aunque aleguen mil casos de abusos y falsas enseñanzas de León XIV, están confundiendo el poder de enseñanza –que puede ser resistido– con el poder de jurisdicción –que no puede ser desafiado. En resumen, esas personas, aunque afirmen que aún reconocen al Papa como Papa, mediante su acción niegan su autoridad para gobernar, y así se colocan fuera de la Iglesia.
Una respuesta desenfadada ante la amenaza de excomunión...
Por hacer obispos sin aprobación papal, el castigo automático es la excomunión –algo de lo que la FSSPX era plenamente consciente y que eligió desafiar. El Obispo Bernard Fellay le dijo a una congregación en St. Mary's Kansas en abril que él y probablemente todos ellos “serían excomulgados, declarados cismáticos.” Su reacción desenfadada: “Pero bueno... no es el fin.”
Su respuesta frívola fue aplaudida por muchos como valentía, pero para mí fue una audaz arrogancia y un desprecio por el Primado Petrino. La excomunión es un asunto serio, que debe evitarse a toda costa, no algo de lo que se deba bromear, especialmente cuando, como en este caso, la excomunión cubre no solo a los obispos y sacerdotes, sino a todos los miembros que se adhieren explícitamente a su acción.
Sobre el tema del poder de jurisdicción, permítanme ser absolutamente clara: Si la FSSPX acepta al Papa como válido y profesa su poder de jurisdicción, entró voluntaria y arrogantemente en cisma. Si pretende que la excomunión automática no es válida para la FSSPX, de facto se convirtió en sedevacantista y estableció una Iglesia Episcopal separada de Roma.
La cuestión de la necesidad
Esto lleva naturalmente a su segunda pregunta sobre el caso de necesidad. La FSSPX alega que se encontraron en un caso de necesidad y obedecieron el “llamado de Dios” con las consagraciones. La Sociedad argumenta que las consagraciones eran vitales para su supervivencia, para ordenar sacerdotes tradicionales y salvaguardar los sacramentos.
Esta afirmación es errónea. Antes de las consagraciones, la FSSPX tenía dos obispos, ambos en sus 60 años y con buena salud. Dos obispos son suficientes para administrar las ordenaciones de sacerdotes. Sería conveniente tener más obispos, ciertamente, pero no necesario. Podría existir un problema en el futuro si un obispo muere y el otro es anciano, pero ¿no sería mejor esperar a esa crisis en lugar de anunciar perentoriamente, como hizo la FSSPX en febrero, que procederían a hacer obispos sin aprobación papal?
El Obispo Alfonso de Galarreta durante las consagraciones
Creo que, antes de su anuncio de que haría sus propios obispos, la FSSPX se encontraba en una situación muy buena: Las excomuniones de 1988 habían sido levantadas por Benedicto XVI (2009); los permisos para escuchar confesiones (2015) y oficiar matrimonios (2017) fueron restaurados por Francisco. Estaba en posición de crecer y ejercer una influencia cada vez mayor dentro de la Iglesia.
Por el bien de mantener la unidad de la Iglesia, habría sido mejor sufrir los inconvenientes de tener solo dos obispos en lugar de entrar oficialmente en cisma y convertirse esencialmente en una Iglesia Episcopal. También habría sido una postura de caridad hacia sus fieles, en lugar de pedirles que saltaran con ellos hacia el cisma oficial y rompieran con la Iglesia Católica.
Otras contradicciones
En una declaración explicativa de 28 páginas del 8 de julio de 2026, la FSSPX rechazó las recientes excomuniones vaticanas por considerarlas injustas e inválidas. Sin embargo, poco después de la supuestamente “inválida” excomunión que instruyeron a sus seguidores a ignorar, presentaron una apelación el 11 de julio de 2026 ante el Vaticano para que reconsiderara su decreto de excomunión.
Primero, si la FSSPX, como afirman sus superiores, no reconoce la excomunión, ¿por qué intentan apelar algo que ni siquiera reconocen como válido? Es contradictorio.
Segundo, esto solo se explica, creo, si se ve como un truco, un medio para apaciguar las conciencias de muchos de los miembros preocupados de la FSSPX, a quienes se les dice que la pena de excomunión queda suspendida durante el proceso de apelación.
Tercero, no es así. Si bien la ley permite en algunos casos apelar los decretos de la Santa Sede, la pena en el caso de la FSSPX no se levanta durante el proceso.
Los seguidores de Lefebvre hicieron el Cisma 2.0 pensando que el Vaticano será tan indulgente como antes. ¿Lo será?
Otro tipo es cuando el decreto solo declara la pena, como en el caso de las excomuniones latae sententiae: Por ejemplo, un hombre que ingresa a la Masonería queda automáticamente excomulgado según el Código de Derecho Canónico de 1917. Cuando su adhesión a dicha sociedad secreta se conoce públicamente, la Santa Sede puede emitir un decreto declarativo de su excomunión.
Nadie puede apelar contra un decreto declarativo porque la pena ya había sido impuesta automáticamente cuando la persona cometió el delito. Es decir, la pena solo puede levantarse si la persona ofensora se arrepiente y repara su acto criminal.
En el caso de la FSSPX, el decreto de la Santa Sede del 2 de julio de 2026 fue de este último tipo: fue un decreto declarativo. Informaba al público de la excomunión automática y explicaba las vías para que los culpables regresaran a la comunión de la Iglesia. Si los superiores de la FSSPX no se retractan de lo que hicieron, no hay apelación posible. Apelar contra un decreto declarativo carece de sentido.
Dado que la FSSPX no se está arrepintiendo del acto que causó el cisma –la consagración de los obispos– jurídicamente no hay nada que debatir aquí.
Creo que las autoridades de la FSSPX son conscientes de estas precisiones canónicas. Por lo tanto, solo puedo concluir que hay una mala voluntad de su parte para engañar a los fieles y mantenerlos en su redil.
Papas Malos y Resistencia
Hemos tenido Papas malos antes en la Historia. Este no es el lugar para profundizar en ello. Los Papas Conciliares –no solo Francisco y León XIV– han sido todos culpables de blasfemia, herejías, mala moral; y el ritmo de estas ofensas ha ido en constante aumento.
Sin embargo, mientras resistimos su mala doctrina, no podemos negar su autoridad para hacer obispos y gobernar la Iglesia. Estamos llamados a luchar para retomar la fortaleza de la Iglesia, de modo que el estandarte de Cristo y Su Santa Madre pueda ondear orgulloso y libre sobre ella una vez más, e incluso de manera más maravillosa, ya que contamos con una intervención sobrenatural del Cielo para lograrlo.
Papas malos han sostenido las llaves de Pedro;
debemos resistirlos dentro de la Iglesia
Además del enorme aumento de confusión que ha creado entre los tradicionalistas, otro de sus frutos negativos, creo, es impulsar a muchos católicos hacia la postura sedevacantista (por ejemplo, los Monjes Papa Stronsey) y el Benevacantismo (LifeSite News). No me sorprendería ver más "ismos" y divisiones por venir.
Cierro con las palabras de la Hermana Lucía al P. Agustín Fuentes en su última entrevista pública en 1957. Ella afirmó que Nuestra Señora le dijo que estábamos entrando en los Últimos Tiempos del mundo y que Dios nos estaba dando dos últimos remedios: el Santo Rosario y la devoción al Inmaculado Corazón de María.
No importa qué persecuciones vengan, tenemos estos dos últimos remedios y permaneceremos dentro de la Iglesia luchando para expulsar a los usurpadores, sin darles jamás la falsa idea de que se convirtieron en los dueños de nuestra Santa Madre Iglesia.
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