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Nuestra Señora del Buen Suceso

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Día Tres
Novena a Nuestra Señora del Buen Suceso


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Acto de contrición
Será dicho al inicio de cada día de la Novena

Creo en tí, oh Dios mío. Fortalece, oh Señor, mi fe. Espero en tí, oh Dios mío. Afirma, oh Señor, mi esperanza. Te amo, Dios mío; aumenta, oh Señor, mi amor. Me arrepiento de haberte ofendido. Oh Dios mío, ayúdame a tener contrición, de modo que con la ayuda de Tu gracia y el poderoso patrocinio de Nuestra Señora del Buen Suceso, nunca vuelva a pecar. Oh Señor, ten piedad y misericordia de mí. Amén.

Oración inicial
Será dicha todos los días de la Novena

Oh! Excelsa e inmaculada Reina del Cielo, más excelente e inmaculada, Santa María del Buen Suceso, la Hija más favorecida del Padre Eterno, la Madre más querida del Hijo Divino, la Esposa más preciada del Espíritu Santo, el Trono sublime de la Majestad Divina, el Templo de Agosto de la Santísima Trinidad, en quien las Tres Personas Divinas han puesto los tesoros de Su Poder, Sabiduría y Amor!

Recuerda, Virgen María del Buen Suceso, a quien Dios hizo tan grande para que puedas socorrer a los miserables pecadores; recuerda que a menudo has prometido mostrarte una Madre misericordiosa a los que recurren a tí. Vengo a tí entonces, Madre misericordiosa, y te ruego, por tu amor al Altísimo, que me obtengas de Dios Padre una Fe viva que nunca pierda de vista las verdades eternas; del Hijo, una firme esperanza que siempre aspire a alcanzar esa gloria que ganó para mí con su sangre; y del Espíritu Santo, una caridad tan inflamada que siempre viviré amando a la Suprema Bondad y a tí, Santísima Virgen, hasta que a través de tu intervención te ame y disfrute eternamente en gloria. Amén.

Te saludamos, María, como la hija favorecida de Dios Padre.
Dios te salve, María ...

Te saludamos María, como la Madre Elegida del Hijo Divino.
Dios te salve, María ...

Te saludamos María, como la Esposa Singular del Espíritu Santo.
Dios te salve, María ...   Gloria al Padre ....

Día Tres

Considere cómo los viajeros, impulsados ​​por la gracia y atraídos por la curiosidad por examinar tales maravillas asombrosas, se dirigen al sitio que les ofrece refugio. Quitándose los zapatos, subieron la colina con gran dificultad, ayudándose mutuamente sobre grandes rocas y acantilados afilados. Cuando llegaron a la cueva, que pudieron ver en los relámpagos, ¡cuán grande fue su asombrosa alegría y admiración! Porque vieron que esta cueva había sido delicadamente tallada por la naturaleza como un gran templo. Protegía una hermosa estatua de la Santísima Virgen sosteniendo al Niño Jesús en su brazo izquierdo y llevando un cetro en su mano derecha. Una preciosa corona descansaba sobre su frente. Su vestido, como el del Niño, era simple pero elegante, y ambos estaban hechos en el mismo material y estilo.

El sitio, adornado con varios tipos de flores que alfombraron el piso y treparon por las paredes, llenó el aire con una exquisita fragancia para la Reina del Cielo. Colocada en la roca había una lámpara tan expertamente diseñada que emitía la iluminación de muchas luces. ¡Qué belleza y deleite honrar a una dama tan admirable! ¡Qué sorpresa y admiración para los viajeros abrumados! La pareja de éxtasis contempló este pequeño pedazo de cielo y calmó sus corazones sobrecogidos en presencia de su Madre, quien después de la terrible tormenta había acudido a ellos tan inesperadamente, radiante de belleza y tierno semblante, para proporcionarles refugio y consuelo en ese momento desesperado y difícil.

Así también mi alma se calma ante la imagen de María. Cuando las cargas de la vida y sus peligros inminentes nos acercan a la desesperación, vamos a ella con tranquilidad y confianza, agradeciendo a Dios que en su omnipotencia permitió que esta portentosa estatua se encontrara milagrosamente en ese lugar escondido para el honor de la Virgen Inmaculada para que todos la veneren bajo ese precioso título de Buen Suceso.

Oración

Oh Dios de la Misericordia! quien nunca deja desolado a alguien que te sirve fiel y fervientemente en medio de las desgracias y peligros de la vida, y que nos lleva a encontrar a nuestra Madre y abogar por nuestras adversidades como un refugio, concédenos un corazón tierno y ferviente para buscar a María y encontrarla, siempre amorosa y protectora, para que podamos servirla y merecer, por su intercesión, llevar una vida buena y cristiana y luego estar con ella para siempre en el Cielo. Amén.

Acción de gracias a la Santísima Virgen
Será dicha cada día de la novena

¡Oh Virgen bendecida entre todas las mujeres! Nos faltan las palabras para darte gracias por las innumerables bendiciones que hemos recibido de tu mano. El día de tu nacimiento puede llamarse el día de acción de gracias, felicidad y consuelo. Eres el honor de la humanidad, la alegría del Paraíso, el amado regalo de Dios y el bienestar de nuestro país. ¿Qué mérito tenemos, Santísima Virgen del Buen Suceso, para merecer tenerte como nuestra Madre? Qué Dios sea bendecido para siempre! ¡Quién lo ha deseado así! Bendita también eres, Virgen María, porque a pesar de nuestra ingratitud, nos muestras tu favor propicio.

Así eres tú, Madre clemente, nuestro consuelo en la tierra, nuestro refugio, nuestra ayuda y nuestra protección tanto en nuestras necesidades públicas como privadas. Protégenos de la guerra, la peste, el hambre, las tormentas, los terremotos y todas las calamidades que merecemos por nuestra culpa. Te pedimos por la Santa Iglesia y por su cabeza visible. Escucha las súplicas de quienes te invocan. Sé Abogada, nuestra Madre, porque así ponemos nuestra confianza en tí. A ti recurrimos, y por tu intercesión esperamos lograr de tu Hijo perdón por nuestros pecados y perseverancia en la gracia hasta la muerte. Amén.
Aquí, cada uno que levanta su corazón hacia Dios, debe pedir, por intercesión de la Santísima Virgen del Buen Suceso, esa gracia o favor que desea recibir.
Alabanzas a la Santísima Virgen
Serán dichas todos los días de la Novena

Oh Virgen María, nuestra Madre preeminente sobre todo en la tierra.
Ven a nuestra ayuda y muéstranos misericordia, porque eres nuestra Madre!

Por encima de todos los demás, estabas atenta a la Palabra del Padre, que hace grandes cosas en tu honor.
Ven a nuestra ayuda y muéstranos misericordia, porque tú eres nuestra Madre!

Eres el templo más digno de la Santísima Trinidad.
Ven a nuestra ayuda y muéstranos misericordia, porque tú eres nuestra Madre!

En tí está esa misma pureza que disfrutan los Ángeles.
Ven a nuestra ayuda y muéstranos misericordia, porque tú eres nuestra Madre!

El mundo cristiano proclama que debes reinar en el lado derecho del Rey de Reyes.
Ven a nuestra ayuda y muéstranos misericordia, porque tú eres nuestra Madre!

¡Oh Madre de Gracia, nuestra Esperanza! Puerto de los náufragos y estrella del mar,
Ven a nuestra ayuda y muéstranos misericordia, porque tú eres nuestra Madre!

Puerta del cielo, salud de los enfermos, luz en la oscuridad.
Ven a nuestra ayuda y muéstranos misericordia, porque tú eres nuestra Madre!

A través de ti, nos encontraremos ante Dios en la corte de los santos, donde vive y reina para siempre.
Ven a nuestra ayuda y muéstranos misericordia, porque tú eres nuestra Madre!

Guía nuestros pasos y ayúdanos, oh dulce María, en nuestras últimas horas.
Ven a nuestra ayuda y muéstranos misericordia, porque tú eres nuestra Madre!

Recibe esta alabanza de nuestros tiernos labios, que no pueden expresar tu singular grandeza.
Ven a nuestra ayuda y muéstranos misericordia, porque tú eres nuestra Madre!
Santa María, salva a los miserables, ayuda a los débiles, intercede por los afligidos, aboga por el pueblo, intercede por el clero, pide por los fieles. Permite que todos aquellos que celebran tu santo recuerdo experimenten tu favor y ayuda.

V. ¡Ruega por nosotros, Virgen del Buen Suceso!
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de Nuesro Señor Jesucristo.
Oración final

Te pedimos, nuestro Señor y Dios, que nos concedas la salud del alma y el cuerpo a través de la intercesión de la gloriosa Virgen María. A través de sus méritos y los de su soberano Niño Jesús, esperamos ser liberados de los males actuales y alcanzar la felicidad eterna. Amén.


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La novena del p. José M. Urrate, S.J. tiene una Imprimatur del Arzobispo de Quito Carlos María de la Torre, emitida por el Gobierno Eclesiástico de la Arquidiócesis de Quito el 31 de julio de 1941 Traducido y editado al Inglés por Marian T. Horvat, Ph.D., Copyright 2003



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