Nuestra Señora del Buen Suceso

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Día Dos
Novena a Nuestra Señora del Buen Suceso


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Acto de contrición
Será dicho al inicio de cada día de la Novena

Creo en tí, oh Dios mío. Fortalece, oh Señor, mi fe. Espero en tí, oh Dios mío. Afirma, oh Señor, mi esperanza. Te amo, Dios mío; aumenta, oh Señor, mi amor. Me arrepiento de haberte ofendido. Oh Dios mío, ayúdame a tener contrición, de modo que con la ayuda de Tu gracia y el poderoso patrocinio de Nuestra Señora del Buen Suceso, nunca vuelva a pecar. Oh Señor, ten piedad y misericordia de mí. Amén.

Oración inicial
Será dicha todos los días de la Novena

Oh! Excelsa e Inmaculada Reina del Cielo, más excelente e Inmaculada, Santa María del Buen Suceso, la Hija más favorecida del Padre Eterno, la Madre más querida del Hijo Divino, la Esposa más preciada del Espíritu Santo, el Trono sublime de la Majestad Divina, el Templo augusto de la Santísima Trinidad, en quien las Tres Personas Divinas han puesto los tesoros de Su Poder, Sabiduría y Amor!

Recuerda, Virgen María del Buen Suceso, a quien Dios hizo tan grande para que puedas socorrer a los miserables pecadores; recuerda que a menudo has prometido mostrarte una Madre misericordiosa a los que recurren a tí. Vengo a tí entonces, Madre misericordiosa, y te ruego, por tu amor al Altísimo, que me obtengas de Dios Padre una Fe viva que nunca pierda de vista las verdades eternas; del Hijo, una firme esperanza que siempre aspire a alcanzar esa gloria que ganó para mí con su sangre; y del Espíritu Santo, una caridad tan inflamada que siempre viviré amando a la Suprema Bondad y a tí, Santísima Virgen, hasta que a través de tu intervención te ame y disfrute eternamente en gloria. Amén.

Te saludamos, María, como la hija favorecida de Dios Padre.
Dios te salve, María ...

Te saludamos María, como la Madre Elegida del Hijo Divino.
Dios te salve, María ...

Te saludamos María, como la Esposa Singular del Espíritu Santo.
Dios te salve, María ...   Gloria al Padre ....

Día Dos

Considere cómo la providencia del Altísimo deseaba favorecer tanto a la humanidad al manifestar el tesoro escondido de la preciosa imagen de Santa María bajo el título de Buen Suceso. Después de la muerte del hermano Bernandino de Obregón, fundador de la Hermandad de los Frailes Menores al Servicio de los Enfermos (la Orden de San Francisco de Paula), Gabriel de Fontaned fue elegido para reemplazarlo. Acompañado por Guillermo Rigosa, viajó a Roma para pedirle al Sumo Pontífice su aprobación oficial del Instituto y el hábito con la cruz púrpura que distingue la orden.

Mientras pasaban por la ciudad de Traigueras (bajo la jurisdicción de Tortosa en el Principado de Cataluña), fueron atrapados en una terrible tormenta de granizo con relámpagos y truenos tan fuertes que sus corazones se llenaron de terror. Le rogaron a Dios que les proporcionara un refugio donde pudieran guardarse para que pudieran prepararse para morir en paz, porque el implacable rigor de la tormenta les había convencido de que no sobrevivirían.

Sin embargo, Dios en Su Divina Misericordia dispuso tanto que esta búsqueda de refugio debería ser un presagio de una buena fortuna. En un estallido de relámpagos, pudieron discernir un desvío en el camino. Después de eso, pudieron ver los contornos de una cueva situada en la colina sobre ellos. Incluso desde la distancia, podían ver una luz brillante que iluminaba su interior y oler un aroma dulce y celestial, más intenso que cualquier cosa en la tierra. Sus almas estaban inundadas de una gran felicidad y un sentimiento de admiración reverente. Al mismo tiempo, sintieron un impulso interior por conocer la causa de tales maravillas.

Oración

¡Oh Dios, admirable en todas tus obras! Que siempre conviertes las ocurrencias más peligrosas de la vida en pruebas de tu misericordia, y en las tormentas más desesperadas que nos muestres los preludios a tus prodigios a nuestro favor, tal como lo hiciste con los hermanos minoritas por medio de esa tormenta aterradora. Concédenos, a través de la intercesión de la Reina del Buen Suceso, la virtud de la paciencia, para sufrir con un espíritu resignado las pruebas que nos envió Tu Divina Voluntad, porque en cualquier momento puedes cambiarlas para consolarlas en esta vida y luego concedernos tu recompensa eterna en el cielo, donde siempre cantaremos tu alabanza y la alabanza de Santa María. Amén.

Acción de gracias a la Santísima Virgen
Será dicha cada día de la novena

¡Oh Virgen bendecida entre todas las mujeres! Nos faltan las palabras para darte gracias por las innumerables bendiciones que hemos recibido de tu mano. El día de tu nacimiento puede llamarse el día de acción de gracias, felicidad y consuelo. Eres el honor de la humanidad, la alegría del Paraíso, el amado regalo de Dios y el bienestar de nuestro país. ¿Qué mérito tenemos, Santísima Virgen del Buen Suceso, para merecer tenerte como nuestra Madre? Qué Dios sea bendecido para siempre! ¡Quién lo ha deseado así! Bendita también eres, Virgen María, porque a pesar de nuestra ingratitud, nos muestras tu favor propicio.

Así eres tú, Madre clemente, nuestro consuelo en la tierra, nuestro refugio, nuestra ayuda y nuestra protección tanto en nuestras necesidades públicas como privadas. Protégenos de la guerra, la peste, el hambre, las tormentas, los terremotos y todas las calamidades que merecemos por nuestra culpa. Te pedimos por la Santa Iglesia y por su cabeza visible. Escucha las súplicas de quienes te invocan. Sé Abogada, nuestra Madre, porque así ponemos nuestra confianza en tí. A ti recurrimos, y por tu intercesión esperamos lograr de tu Hijo perdón por nuestros pecados y perseverancia en la gracia hasta la muerte. Amén.
Aquí, cada uno que levanta su corazón hacia Dios, debe pedir, por intercesión de la Santísima Virgen del Buen Suceso, esa gracia o favor que desea recibir.
Alabanzas a la Santísima Virgen
Serán dichas todos los días de la Novena

Oh Virgen María, nuestra Madre preeminente sobre todo en la tierra.
Ven a nuestra ayuda y muéstranos misericordia, porque eres nuestra Madre!

Por encima de todos los demás, estabas atenta a la Palabra del Padre, que hace grandes cosas en tu honor.
Ven a nuestra ayuda y muéstranos misericordia, porque tú eres nuestra Madre!

Eres el templo más digno de la Santísima Trinidad.
Ven a nuestra ayuda y muéstranos misericordia, porque tú eres nuestra Madre!

En tí está esa misma pureza que disfrutan los Ángeles.
Ven a nuestra ayuda y muéstranos misericordia, porque tú eres nuestra Madre!

El mundo cristiano proclama que debes reinar en el lado derecho del Rey de Reyes.
Ven a nuestra ayuda y muéstranos misericordia, porque tú eres nuestra Madre!

¡Oh Madre de Gracia, nuestra Esperanza! Puerto de los náufragos y estrella del mar,
Ven a nuestra ayuda y muéstranos misericordia, porque tú eres nuestra Madre!

Puerta del cielo, salud de los enfermos, luz en la oscuridad.
Ven a nuestra ayuda y muéstranos misericordia, porque tú eres nuestra Madre!

A través de ti, nos encontraremos ante Dios en la corte de los santos, donde vive y reina para siempre.
Ven a nuestra ayuda y muéstranos misericordia, porque tú eres nuestra Madre!

Guía nuestros pasos y ayúdanos, oh dulce María, en nuestras últimas horas.
Ven a nuestra ayuda y muéstranos misericordia, porque tú eres nuestra Madre!

Recibe esta alabanza de nuestros tiernos labios, que no pueden expresar tu singular grandeza.
Ven a nuestra ayuda y muéstranos misericordia, porque tú eres nuestra Madre!
Santa María, salva a los miserables, ayuda a los débiles, intercede por los afligidos, aboga por el pueblo, intercede por el clero, pide por los fieles. Permite que todos aquellos que celebran tu santo recuerdo experimenten tu favor y ayuda.

V. ¡Ruega por nosotros, Virgen del Buen Suceso!
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de Nuesro Señor Jesucristo.
Oración final

Te pedimos, nuestro Señor y Dios, que nos concedas la salud del alma y el cuerpo a través de la intercesión de la gloriosa Virgen María. A través de sus méritos y los de su soberano Niño Jesús, esperamos ser liberados de los males actuales y alcanzar la felicidad eterna. Amén.


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La novena del p. José M. Urrate, S.J. tiene una Imprimatur del Arzobispo de Quito Carlos María de la Torre, emitida por el Gobierno Eclesiástico de la Arquidiócesis de Quito el 31 de julio de 1941 Traducido y editado al Inglés por Marian T. Horvat, Ph.D., Copyright 2003



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