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Verdades Olvidadas
El Liberalismo Es la Herejía Suprema
de los Tiempos
La lucha actual entre Contrarrevolucionarios y Progresistas fue precedida por la lucha entre Católicos Liberales y Ultramontanos en la segunda mitad del siglo XIX.
Esta es la razón por la que el texto a continuación, escrito por Lucien Chabot –un historiador Ultramontano en el cambio de esos siglos– tiene un interés especial para nosotros. Define con precisión al Liberalismo como la "herejía mayor" o herejiarquía de los tiempos, anticipando así la famosa definición que San Pío X daría al Modernismo –el hijo del Liberalismo– como "la síntesis de todas las herejías."
Es también un texto útil para que examinemos nuestra postura y verifiquemos si tenemos el mismo horror al Liberalismo –y a sus seguidores el Modernismo y el Progresismo– que tenían aquellos héroes Ultramontanos. Si no lo tenemos, quizás sería el momento para un examen de conciencia...
Lucien Chabot
El Liberalismo no es una herejía ordinaria. Ha sido muy acertadamente llamado herejiarquía [la herejía mayor] por el P. Chesnel (The Rights of God and Modern Ideas).
Es la propia herejía personal de Satanás, ya que consiste en que la criatura usurpe para su propio provecho la independencia y soberanía que pertenecen solo a Dios desde toda la eternidad, y en el orden del tiempo a Nuestro Señor Jesucristo. Vemos por esto cuánto se diferencia el Liberalismo moderno de todo lo que le precedió en materia de rebeldía y pecado.
Es el pecado mismo, el fin último y el grado más alto. El Liberalismo llama al "hombre de pecado;" prepara el camino para el Anticristo.
La seducción liberal ha cegado casi todas las inteligencias; las últimas nociones del verdadero Cristianismo se desvanecen a medida que se difuminan en las mentes. ¡Qué transformación en las ideas, la moral y las creencias, desde los juristas regalistas de los siglos XIV y XV hasta el día de hoy, pasando por Lutero, Voltaire y Jean-Jacques Rousseau, y Lamennais, el gran seductor de católicos! Son los hijos de la misma idea, los agentes de la misma seducción. Sus sucesivas apariciones marcan las etapas del movimiento revolucionario.
El último en llegar, Lamennais, no es el menos peligroso ni el menos desastroso. Es el padre y la cabeza de la escuela a la vez Católica y revolucionaria, la escuela de la pacificación, la adaptación, la unión y, finalmente, la fusión entre el Cristianismo y la Revolución.
Lucien Chapot, Revue Catholique des Institutions et du Droit, septiembre de 1904, n. 9, p. 198;
apud Henri Delassus, La Conjuration Antichrétienne, Lille: Desclée de Brouwer, 1910, vol. 1, pp. 243, 244, note 1.
Publicado el 22 de agosto de 2026



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