Transhumanismo e Inteligencia Artificial
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
Mind-Altering Weapons
Emerging from Neuroscience
La idea de un arma capaz de secuestrar el cerebro humano, convirtiendo los pensamientos en armas y las emociones en munición, ha sido durante mucho tiempo materia de ficción distópica. Sin embargo, un creciente coro de científicos está alertando de que esta aterradora perspectiva se está acercando cada vez más a la realidad, pasando de las páginas de las novelas a los laboratorios de investigación de las potencias mundiales. La misma ciencia que promete curar afecciones como el TEPT y el Alzheimer también está liberando el potencial para crear una nueva clase de armas de control mental que atacan la esencia de la experiencia humana: la percepción, la memoria y el comportamiento.
Esta naturaleza de doble uso de la neurociencia presenta un profundo dilema ético y de seguridad, lo que sugiere que la próxima gran carrera armamentística podría no ser por territorio físico, sino por el disputado panorama de la mente humana. Ejemplos de psicosis de formación masiva e histeria por el pensamiento colectivo nos rodean, lo que nos hace preguntarnos si ya se están desplegando armas que alteran la mente utilizando tecnologías que apenas comprendemos.
Puntos clave:
El concepto no es del todo nuevo. Durante la Guerra Fría, las naciones persiguieron activamente el sueño de la incapacitación no letal. El desarrollo por parte del ejército estadounidense del agente químico BZ, capaz de inducir un estado de intenso delirio y alucinaciones, dio como resultado una bomba de racimo diseñada para desorientar a batallones enteros. Si bien nunca se desplegó en Vietnam como estaba previsto, su existencia pone de manifiesto una ambición militar de larga data.
De igual manera, el desarrollo por parte de China de una "pistola narcotraficante" demuestra un interés continuo en la sumisión química dirigida. El único uso confirmado de dicha arma en combate constituye un caso de estudio desalentador. En 2002, las fuerzas de seguridad rusas pusieron fin a un asedio a un teatro de operaciones en Moscú inyectando un gas derivado del fentanilo en el edificio, sometiendo con éxito a militantes chechenos, pero con el terrible coste de la vida de 120 rehenes, lo que ilustra la delgada línea entre la incapacitación y la muerte cuando se manipula la compleja química del cerebro.
Lo que ha cambiado, según expertos como el Dr. Michael Crowley y el profesor Malcolm Dando de la Universidad de Bradford, es la precisión de la ciencia. La neurociencia moderna está mapeando los intrincados circuitos del cerebro con un detalle sin precedentes, identificando las vías neuronales que rigen el miedo, la agresión y la toma de decisiones. El profesor Dando articula la preocupación principal, afirmando: «El mismo conocimiento que nos ayuda a tratar los trastornos neurológicos podría utilizarse para alterar la cognición, inducir la obediencia o incluso, en el futuro, convertir a las personas en agentes involuntarios».
Este es el dilema del doble uso en su forma más inquietante: un avance en el tratamiento de un trastorno del sueño podría, en teoría, ser sometido a ingeniería inversa para crear un arma que induzca una somnolencia incontrolable en una población objetivo. Las herramientas están evolucionando desde instrumentos químicos contundentes hasta intervenciones potencialmente sutiles y específicas que podrían manipular la mente de una persona sin que esta lo sepa.
La zona gris legal
La comunidad internacional cuenta con tratados de larga data que prohíben las armas químicas y biológicas, pero esta nueva generación de armas neurológicas se encuentra en una preocupante laguna regulatoria. La Convención sobre Armas Químicas prohíbe el uso de sustancias químicas nocivas en la guerra, pero contiene excepciones para ciertas sustancias químicas utilizadas en la aplicación de la ley, como los agentes antidisturbios.
Esta zona gris legal podría justificar el desarrollo de potentes agentes psicoactivos bajo el pretexto del control de masas a nivel nacional, creando un terreno resbaladizo hacia su eventual uso en conflictos. El profesor Dando advierte: «Existen peligrosas lagunas regulatorias dentro y entre estos tratados. A menos que se cierren, tememos que ciertos Estados se animen a explotarlas en programas específicos de SNC y de armas con agentes incapacitantes más amplios».
Esta urgencia ha impulsado a Crowley y Dando a La Haya, donde presionan a los Estados para que tomen medidas preventivas. Su argumento es que esperar a que una gran potencia despliegue abiertamente un arma cerebral sofisticada sería un catastrófico fallo de previsión. El objetivo es establecer normas internacionales claras y sólidas que clasifiquen como arma ilegal cualquier agente químico o tecnológico diseñado para manipular el sistema nervioso central, cerrando la brecha legal antes de que pueda ser explotado. La inviolabilidad del pensamiento individual y el libre albedrío, sostienen, es un derecho humano fundamental que debe defenderse con el mismo vigor que la seguridad física.
Un futuro de guerra neurológica y santidad humana
Las posibles aplicaciones de esta tecnología se leen como una oscura antología de conflictos futuros. Imaginemos a un líder político cuya toma de decisiones está sutilmente influenciada por una señal externa, o a un soldado cuya agresividad se amplifica artificialmente sin control. El profesor James Giordano, destacado experto en el campo de las armas neuronales, ha dilucidado cómo estas tecnologías podrían influir selectivamente en los pensamientos y sentimientos de un individuo para inducir cambios en sus ideas y comportamientos.
Señala además que un despliegue a gran escala podría tener un efecto dominó en poblaciones enteras. Al atacar a individuos específicos que presentan síntomas neuropsiquiátricos, estas armas podrían atribuirse falsamente a un ataque terrorista, alimentando oleadas de ansiedad pública, insomnio y paranoia. No se trata solo de control físico, sino de quebrantar la confianza y la estabilidad cognitiva que sustentan la sociedad.
El debate se extiende más allá de las armas químicas y de la información, a veces agrupadas bajo el término "psicoelectrónicas". Aunque a menudo se descartan como teorías conspirativas, el precedente histórico de proyectos como el MKUltra de la CIA, que buscaba métodos de control mental, demuestra un interés persistente del Estado en el concepto. A medida que la ciencia avanza, la línea entre los hechos y la especulación se difumina cada vez más. La era emergente, como la describe el profesor Dando, es una "en la que el propio cerebro podría convertirse en un campo de batalla".
La carrera ha comenzado, no solo entre naciones que buscan una ventaja táctica, sino entre el inmenso potencial de sanar la mente humana y la aterradora posibilidad de su completa subyugación. La pregunta es si la humanidad establecerá límites éticos firmes para gobernar esta nueva frontera o si permitirá que la parte más íntima de nuestro ser se convierta en el nuevo dominio de la guerra.
Este artículo fue publicado por Cyborg News
el 1 de diciembre de 2025, bajo el título “Armas que alteran la mente a partir de los últimos avances en neurociencia”.
Lea más artículos de Lance D. Johnson aquí.
Esta naturaleza de doble uso de la neurociencia presenta un profundo dilema ético y de seguridad, lo que sugiere que la próxima gran carrera armamentística podría no ser por territorio físico, sino por el disputado panorama de la mente humana. Ejemplos de psicosis de formación masiva e histeria por el pensamiento colectivo nos rodean, lo que nos hace preguntarnos si ya se están desplegando armas que alteran la mente utilizando tecnologías que apenas comprendemos.
Puntos clave:
- Los expertos advierten que los rápidos avances en neurociencia podrían conducir al desarrollo de "armas cerebrales" capaces de perturbar la cognición, inducir la obediencia o crear agentes involuntarios.
- Las principales potencias, como Estados Unidos, China y Rusia, tienen un historial de investigación de armas que actúan sobre el sistema nervioso central, y una de ellas se utilizó con resultados letales en la crisis de rehenes de 2002.
- Una importante laguna regulatoria en los tratados internacionales sobre armas químicas podría aprovecharse para permitir el desarrollo y uso de estas armas con el pretexto de la aplicación de la ley.
- Los científicos exigen urgentemente nuevos acuerdos internacionales para proteger la "santidad de la mente humana" de su uso como arma.
El concepto no es del todo nuevo. Durante la Guerra Fría, las naciones persiguieron activamente el sueño de la incapacitación no letal. El desarrollo por parte del ejército estadounidense del agente químico BZ, capaz de inducir un estado de intenso delirio y alucinaciones, dio como resultado una bomba de racimo diseñada para desorientar a batallones enteros. Si bien nunca se desplegó en Vietnam como estaba previsto, su existencia pone de manifiesto una ambición militar de larga data.
De igual manera, el desarrollo por parte de China de una "pistola narcotraficante" demuestra un interés continuo en la sumisión química dirigida. El único uso confirmado de dicha arma en combate constituye un caso de estudio desalentador. En 2002, las fuerzas de seguridad rusas pusieron fin a un asedio a un teatro de operaciones en Moscú inyectando un gas derivado del fentanilo en el edificio, sometiendo con éxito a militantes chechenos, pero con el terrible coste de la vida de 120 rehenes, lo que ilustra la delgada línea entre la incapacitación y la muerte cuando se manipula la compleja química del cerebro.
Desde arriba: Dr. Michael Crowley, Prof. Malcolm Dando y el Prof. James Giordano
Este es el dilema del doble uso en su forma más inquietante: un avance en el tratamiento de un trastorno del sueño podría, en teoría, ser sometido a ingeniería inversa para crear un arma que induzca una somnolencia incontrolable en una población objetivo. Las herramientas están evolucionando desde instrumentos químicos contundentes hasta intervenciones potencialmente sutiles y específicas que podrían manipular la mente de una persona sin que esta lo sepa.
La zona gris legal
La comunidad internacional cuenta con tratados de larga data que prohíben las armas químicas y biológicas, pero esta nueva generación de armas neurológicas se encuentra en una preocupante laguna regulatoria. La Convención sobre Armas Químicas prohíbe el uso de sustancias químicas nocivas en la guerra, pero contiene excepciones para ciertas sustancias químicas utilizadas en la aplicación de la ley, como los agentes antidisturbios.
Esta zona gris legal podría justificar el desarrollo de potentes agentes psicoactivos bajo el pretexto del control de masas a nivel nacional, creando un terreno resbaladizo hacia su eventual uso en conflictos. El profesor Dando advierte: «Existen peligrosas lagunas regulatorias dentro y entre estos tratados. A menos que se cierren, tememos que ciertos Estados se animen a explotarlas en programas específicos de SNC y de armas con agentes incapacitantes más amplios».
Esta urgencia ha impulsado a Crowley y Dando a La Haya, donde presionan a los Estados para que tomen medidas preventivas. Su argumento es que esperar a que una gran potencia despliegue abiertamente un arma cerebral sofisticada sería un catastrófico fallo de previsión. El objetivo es establecer normas internacionales claras y sólidas que clasifiquen como arma ilegal cualquier agente químico o tecnológico diseñado para manipular el sistema nervioso central, cerrando la brecha legal antes de que pueda ser explotado. La inviolabilidad del pensamiento individual y el libre albedrío, sostienen, es un derecho humano fundamental que debe defenderse con el mismo vigor que la seguridad física.
Un futuro de guerra neurológica y santidad humana
Las posibles aplicaciones de esta tecnología se leen como una oscura antología de conflictos futuros. Imaginemos a un líder político cuya toma de decisiones está sutilmente influenciada por una señal externa, o a un soldado cuya agresividad se amplifica artificialmente sin control. El profesor James Giordano, destacado experto en el campo de las armas neuronales, ha dilucidado cómo estas tecnologías podrían influir selectivamente en los pensamientos y sentimientos de un individuo para inducir cambios en sus ideas y comportamientos.
Las armas psicoelectrónicas o psicotrónicas
son la amenaza que viene
El debate se extiende más allá de las armas químicas y de la información, a veces agrupadas bajo el término "psicoelectrónicas". Aunque a menudo se descartan como teorías conspirativas, el precedente histórico de proyectos como el MKUltra de la CIA, que buscaba métodos de control mental, demuestra un interés persistente del Estado en el concepto. A medida que la ciencia avanza, la línea entre los hechos y la especulación se difumina cada vez más. La era emergente, como la describe el profesor Dando, es una "en la que el propio cerebro podría convertirse en un campo de batalla".
La carrera ha comenzado, no solo entre naciones que buscan una ventaja táctica, sino entre el inmenso potencial de sanar la mente humana y la aterradora posibilidad de su completa subyugación. La pregunta es si la humanidad establecerá límites éticos firmes para gobernar esta nueva frontera o si permitirá que la parte más íntima de nuestro ser se convierta en el nuevo dominio de la guerra.
Lea más artículos de Lance D. Johnson aquí.
Publicado el 18 de diciembre de 2025
______________________
______________________
![]() Volume I |
![]() Volume II |
![]() Volume III |
![]() Volume IV |
![]() Volume V |
![]() Volume VI |
![]() Volume VII |
![]() Volume VIII |
![]() Volume IX |
![]() Volume X |
![]() Volume XI |
![]() Special Edition |





















